13.9.16

En construción

Tuvo que insistirle a su padre para que abandonara el relajo narcótico que lo retenía en la lona, con los ojos cerrados. Pero logró que se pusiera junto a él a hacer construcciones -nada de castillitos- en la arena. 
Al principio las enormes manazas somnolientas entorpecían más de lo que ayudaban. Pero en pocos minutos ya modelaban un tercer piso con tejas de caracoles y pasadizos interconectados.
El niño se alejó para observar la obra de su papá, que parecía en plena cirugía a corazón abierto. Esperó a que levantara la cabeza para sonreírle, orgulloso. 
Siguió esperando. 
La sonrisa se le cansó. 
Retrocedió hasta el agua, siempre mirando a su padre. Los tobillos. Las rodillas. La cintura. Nada. Sólo un poco de piel de gallina por el frío. Volvió a la orilla y dibujó medio círculo en la arena con el dedo gordo de su pie. Antes de volver tenía que definir si estaba asombrado u ofendido. No conocía aún la palabra perplejo.

3 comentarios:

Guillermo Altayrac dijo...

¡Me encantaron esos niños! ¡El chiquito y el grandote!

Lola dijo...

El chiquito no estaba tan encantado con el grandote, jeje... Gracias :)

Guillermo Altayrac dijo...

Oh, seguramente habrá aprendido una lección que le servirá para el resto de su vida...