19.6.13

Las compras de los otros

El changuito llega a la caja como un niño obeso que acaba de comer hasta el asco. Ella lo ubica sin cariño en la fila y mientras espera repasa el amontonamiento de formas y colores. Acomoda los cereales bañados en chocolate, esa enorme caja extranjera. Pone los helados junto a las verduras congeladas más pretenciosas, para separarlos del envío a domicilio. Al frente se amontonan los yogures de envase ínfimo que dicen proteger las defensas, los violetas para el tránsito lento, los de frutillitas con corazones y los de banana y chocolate: la versión yogur de la familia.
Hace avanzar el changuito al ritmo rastrero de la fila y se pone a contar con los dedos los jugos de naranja, manzana, banana, durazno. Todos en cajitas individuales. También individuales son las botellas de coca, agua tónica, citrus. Después lucha para pescar los quesos y jamones que se filtraron hacia abajo y quedaron encajados entre los vinos, el vodka de mandarina y el whisky. Un anticipo del espacio compartido que les espera, aunque repartidos en diferentes estómagos. O no. 
Finalmente llega su turno. Cuando el cajero le anuncia el monto total ella amaga para sí misma una sonrisa que tiene algo de espanto, y saca del bolsillo azul de su uniforme la plata que le dio la señora de la casa. Esa casa a la que entra y sale por una puerta que está casi escondida, de costado, como si se avergonzara de recibir a cierta gente.

9 comentarios:

Dan dijo...

Lindo! Me hizo recordar algunos relatos de Anais Nin. Hay uno en donde ella ve pasar a un hombre con bastón, e imagina que ese hombre tuvo un accidente con su auto en el bosque, que en ese accidente murió su mujer, que no volvió a formar pareja, que nunca volvió a conducir, etc, etc, etc...

Lola dijo...

Hola, Dan, gracias! Sí, eso de crearle historias, pasados, estados de ánimo a la gente que uno ve por ahí es inevitable, al menos para mí. Y a veces la parte evidente, como el contraste de tipos de vida en este caso (no sabemos si mejor o peor porque falta ver otras cosas, pero lo seguro es que es distinto), ayuda. Saludos!

Dan dijo...

Envidia! Me gustaría tener esa capacidad de observación...
Saludos! Que tengas una linda semana!

Guillermo Altayrac dijo...

¡Genial! Me encantó que guardaras el uniforme para el final. No me canso de decirte que estos pequeños relatos son unas joyitas.

Respecto a la puerta de costado, me hiciste acordar a algo de Faulkner. ¿Leíste algo de él?
En "¡Absalón, Absalón!", uno de los protagonistas, de pequeño, cuando era hijo de un criado de una casa adinerada, es enviado por su padre a llevar un recado al patrón. Inocente, se manda derecho para la puerta grande. Allí es interceptado por el mayordomo, que le explica que él tiene que entrar siempre por la puerta de atrás. Y esta es una gran revelación oscura para el niño, con la cual entiende, de golpe, como es eso de las posiciones sociales. Todas las reflexiones del niño, que de ahí se va corriendo a esconderse en un lugar alejado para tratar de digerir lo que acaba de suceder, están narradas magistralmente. Si no lo has leído, te lo recomiendo.

¡Me alegro de que hayas actualizado! Estaba a punto de avisarte que el blog se te había dormido.
Abrazo.

Lola dijo...

Gracias, Guillermo! Por pasar y por el comentario.
Sí, leí algunos de Faulkner pero justo el que decís lo tengo pendiente. El tema de la puerta de servicio me parece inconcebible. Desde siempre, pero más todavía en estos tiempos. Voy a buscarlo para saber cómo se describe eso en las palabras geniales de Faulkner ;)

Guillermo Altayrac dijo...

¡Ducha escocesa para todos! ¡Eh, chaboncita! ¡Estás pidiendo represión! ¡¿Qué so, botona, vo?!
Por suerte a mí no me dejaron ningún taco aguja.
Las letras son mías, los tacos aguja son ajenos. Y las vaquitas, medio que las compartimos.
¡Beso para vos, aunque seas una botona, eeeeh, botoooonaa, eeehh!

Guillermo Altayrac dijo...

¡Ooo-tra, ooo-tra, ooo-tra!

Guillermo Altayrac dijo...

¿Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar?

¿Volverás a postear algo en tu blog, vos que escribís tan lindo?

¿Ah?

Mateo dijo...

Me imagine a la mucama de "Cama adentro", película de Jorge Gaggero, con Norma Aleandro...