27.4.13

Muñecas

Cada vez que un auto estaciona en la callecita asfixiada por restaurantes, tres nenas se le acercan corriendo. El pelo revuelto, las caras arcillosas, la ropa incoherente les dan un aire de muñecas abandonadas. Cuando el dueño del auto se prepara para espantarlas con unas pocas monedas o unos cuantos gritos, ellas lo esquivan y abrazan al auto con todo el cuerpo, pegando la panza y hasta la cabeza en el capot. Chillan, alegres, y después se callan y parece que se fueran quedando dormidas, hasta que estaciona alguien más y salen corriendo hacia ahí para repetir el ritual, el juego o lo que sea que estén haciendo. 
Los que bajan de los autos amagan movimientos sin saber bien qué pasa o cómo deberían reaccionar. Se cierran los tapados y camperas, ajustan sus bufandas para obligarse a caminar, y quizás es entonces, cuando encogen los hombros de placer entre las telas suaves y abrigadas, que imaginan el calor que deben desprender sus motores recién apagados.

5 comentarios:

Guillermo Altayrac dijo...

Sin palabras.
Sos terrible.
No dejes de serlo.

Ignifero dijo...

tremendo en verdad, me gusto mucho el texto.

Lola dijo...

Lo prometo, Guillermo ;)

Lola dijo...

Gracias, Ignifero! Hablando de tremendo, quedé por ahí atrapada en los dibujos / ilustraciones / comics /arte que vi en tus páginas. Eso sí que es tremendo, en el mejor sentido de la palabra.

Ignifero dijo...

Epa, muchas gracias!! :D