3.11.12

Las manos


La cajera se arma de paciencia mientras la viejita rasca monedas del fondo de su monedero de flores para pagar con el importe justo. Ahí encontró: le entrega los sesenta centavos que faltaban y una sonrisa triunfal. Ahora el chico alto que le guardó las compras en bolsas tiene que llevárselas hasta su casa. Se ve que es nuevo y la cajera, tratando de sonar desinteresada y logrando todo lo contrario, le indica: Chichí vive acá al lado nomás, acompañala y te volvés. Él asiente en silencio, agarra las dos bolsas flacas con una mano y con la otra se supone que ayude a caminar a Chichí. Probablemente los otros chicos del mercado suelan hacerlo ofreciéndole el brazo, guiándola desde el codo, algo así. Pero él, sin dudar, envuelve la mano pálida y pecosa con la suya. La cara de la señora es inolvidable. Hay una sorpresa disimulada y después una alegría concentrada en sus cachetes colorados. No van de la mano como una madre grande con su hijo o, más acertado, como una abuela y su nieto: Chichí avanza con gesto de novia primeriza. Un poquito de orgullo y de coquetería en las miradas que dedica a un lado y otro, mientras juntos se abren camino hacia la salida.

Tanta moda descartable


Estoica, la chica espera a alguien en la puerta de Alto Palermo. Calzas-bermuda, plataformas inverosímilmente no ortopédicas que le deben revelar un nuevo mundo en las alturas, remera con estallidos de colores flúo. Algo de animal print en la cartera completa el cuadro. Por momentos se planta con el aire vanidoso que parece inspirarle cumplir estrictamente con la moda, pero así y todo cada tanto se mira de reojo en la vidriera, se reacomoda lo puesto, duda. Como con muchas modas de las últimas, cada vez más extremas y cambiantes -más tirá todo y comprate todo de nuevo como debe ser este año-, hasta que esa estridencia se haga costumbre y se popularice más, está atrapada en una división muy permeable entre sentirse disfrazada o moderna. Y ahora parece pensar que se adelantó un poco, o que se le fue la mano. Pero justo cuando da la impresión de que va a salir corriendo llegan al rescate sus amigas, y en el exceso de gritos y abrazos se apaga y uniforma el de su ropa.