22.8.12

Extranjeras

Bajan por Lavalle dos mujeres altas, corpulentas, rubias hasta las cejas, ojos muy claros. Se las adivina turistas desde lejos, y cualquier duda se despeja al ver las bolsas de casas de cuero, talabartería y souvenirs que documentan su paso por la calle Florida.
Las sonrisas perfectas, de dientes enormes y labios finos, se agrandan aún más cuando escuchan un ritmo como de candombe o samba brasileña que viene desde Alem. Intercambian miradas y empiezan a bailar un poco a medida que se acercan, abriendo los brazos como alas para evitar chocar las caderas con sus bolsas.
La música crece.
Llegan a la esquina.
A juzgar por sus caras, la manifestación de trabajadores en Plaza Roma es bastante diferente a la batucada de colores y bailarines callejeros que se esperaban

Metamorfosis

Sube al tren apocada, tropezándose, con el pelo sobre la cara. Ve un asiento libre y corre a buscarlo como si fuese el último del mundo. Apoya en su regazo un estuche lila del que van naciendo, estación tras estación: tapa ojeras, base, rubor, sombra, rimel, delineador. Hasta Retiro hay tiempo de todo eso. Y un poco de peine. Y hasta perfume detrás de las orejas.
Cuando se levanta para bajar mide un poco más que cuando entró.
Va derecha, la mirada al frente.
Hace sentir el peso de su cuerpo en cada paso.
Increíble todo lo que entra en ese estuchecito.