24.7.12

Del otro lado de la línea

En la esquina de una parrilla con mesas afuera está parado un hombre de la calle. El humo de su cigarrillo se abre paso entre una barba gris de mucho tiempo.
Suena un celular en una de las mesas y el hombre dice ¿Hola? Como no atienden de inmediato se vuelve a escuchar que llaman. ¿Hola?, repite. La dueña del teléfono empieza a hablar y se genera un diálogo entre ella y el hombre que, sin dejar de mirar la calle ni de fumar, responde como desde el otro lado de la línea. Tiene una voz finita y nostálgica, un tono de lobo feroz imitando a la abuela de Caperucita.
¿Cómo estás?
Bien, bien.
Disculpá que no te llamé pero estaba sin crédito.
Y poné crédito, m’hija.
¿Todo bien, entonces?
Sí, todo fenómeno.
¿A cuánto conseguiste el pasaje, al final?
Eh... ochocientos pesos.
Bueno, bueno... Listo, listo. Nos vemos allá. 
Listo, listo.
Ajám.
Uhm.
Dale, nos vemos, ¡chau!
Listo, listo. Chau, chau.
Es difícil no reírse, pero ayuda la molesta posibilidad de que no sea una burla, de que realmente se crea parte de la conversación.

2.7.12

Mensajes en la vía pública

Florida y Córdoba. Llegar a la esquina es una carrera de obstáculos impuesta por quienes entregan volantes de comida rápida, abogados laborales, descuentos en camperas de cuero, videncia, clases de tango. El avance vacuno de la gente les da tiempo a todos de incrustar sus mensajes en las manos que pasan. Los turistas, los que trabajan por la zona, los que hacen trámites, los que no se sabe qué hacen, convierten los volantes nunca leídos en minúsculos carnavales de papel picado que tiran a su paso.
Se acerca una mujer casi enana, piel curtida, pelo áspero y corto. Es la única que presta atención a los repartidores a medida que llega hasta esa especie de peaje que forman. Se estira todo lo que puede y camina con la torpeza de la inseguridad mal escondida. La miran como a una parte incómoda del paisaje y aceleran el recorrido de su vista hacia los que vienen detrás. Sólo el último le entrega un volante, en forma mecánica, y se fija en ella sólo cuando la mujer dice gracias y le sonríe.