18.4.12

Apunados

En lo alto del cerro, tan verde después de las lluvias, las casas de adobe imitan el desorden de sus vacas sueltas. La inmovilidad mansa que puede, sin embargo, cambiar en cualquier momento.
Dos viajeros avanzan por la última de las curvas que llevan al pueblo. El silencio y el paisaje se parten sin aviso cuando aparece en el horizonte un nene que, mientras grita, hace rodar por la tierra una rueda de bicicleta. Los hombres interrumpen su marcha para verlo pasar entre ellos y frenar con torpeza y felicidad al borde del precipicio. Ahora que no se cayó, reaccionan y se ríen con él. Lo ayudan a sacudirse la tierra que le cubre el cuerpo y la cara oscura. Los tres dicen sus nombres; ellos intentan explicar de qué parte del mundo vienen. Sonriendo preguntan dónde está la bicicleta. El nene los mira contento pero inseguro y levanta un poco más la rueda que sostiene, se las acerca a los ojos celestes.
Silencio. 
Despacio, los viajeros asienten.