13.3.12

Pareja

Miran el mostrador lleno de masas imposibles y tortas de frutas con crema. La mujer es, o está ahora, media cabeza más alta que el hombre. Imaginando que él no estuviese encorvado se adivina que la diferencia era mínima hace tiempo. Que los años pasados juntos fueron caballerosamente cargados en la espalda de él para librar a su compañera de la penosa evidencia. Sonríen mientras hacen su pedido. Sonríen mientras pagan y se despiden. Hay algo de evento social en el intercambio breve con cada persona que se cruzan. Se van agarrados del brazo, como entraron y como se mantuvieron durante la compra. El hombre lleva el paquete aunque su inestabilidad no sea la ideal para hacerlo. Su mujer avanza agarrada al brazo libre, con un paso antiguo. Su pretendida fragilidad es el apoyo más firme para el hombre al que ahora sostiene.

4.3.12

Mirando pasar

Sentado en un escalón del monumento de la Plaza San Martín, con la cartera de papeles por entregar a modo de apoyabrazos, fuma sin apuro.
Mira a las mujeres que pasan. Sonríe cada vez, apenas, pensando seguramente algo como bendito el calor, los pantalones blancos y las polleras sin medias. 
A una chica con mini de jean le dice un piropo por lo bajo. Ella levanta el mentón y apura el paso. A otra con calzas floreadas se limita a seguirla con los ojos y con una sonrisa que es más que si hablara.
De pronto el sol de toda la plaza parece apuntar al vestido blanco de una mujer rubia, con piel dorada. Todos se fijan en ella menos él, que no la descubrió todavía porque mira el piso mientras aplasta el cigarrillo. Cuando por fin la ve, inesperadamente, su cara no se altera. Le dedica una mirada técnica. 
Como si sobrepasado cierto punto de belleza el deseo ya no fuese posible.