19.1.12

Sal

Son las tres de la tarde y ya pasó cuatro veces por la orilla. Lleva una canasta casi más grande que su cuerpo; tendrá unos nueve años. Esta vuelta mira hacia los costados, asegurándose de que no la estén vigilando, apoya en la arena los buñuelitos caseros que esperan ser vendidos y entra a los saltos al mar frío. Viaja por unos minutos al mundo que inventa bajo las olas.
En seguida sale del agua. Se queda inmóvil, al sol violento, hasta que las gotas de mar helado se secan por completo, para reaparecer en forma de transpiración.
Otra sal para el mismo cuerpo, que se va secando por dentro.

9.1.12

Otros mundos

Los 36 grados y el sol violento que aplastan los Bosques de Palermo no asustan a los que corren, toman sol, ¿pescan? o atraviesan el lago en botes a pedal. Bajo la sombra de los árboles un hombre y una mujer toman mate en silencio y miran a los que pasan como a un programa de tele. Varios acampan en el auto abierto, escuchan la radio o duermen con una pierna colgando hacia afuera. A pocos metros estaciona un Taunus. Primero sale música country a todo volumen y después un tipo de jeans, camisa escocesa, botas, sombrero típico y una barba canosa que suma temperatura. Se estira, respira hondo y empieza a bailar. Una mano sosteniendo el sombrero. Otra mano en la cintura. Punta y taco de las botas a izquierda y derecha, con el torso rebotando sobre la cadera.
A su alrededor, miradas de fastidio por la música.
Al rato, asombro por el calor que soporta.
Un poco más tarde risas.
Finalmente, aplausos.
Y él sigue bailando, los ojos entrecerrados, ajeno a todas esas cosas.