9.12.12

La venganza del rock


Ni el escenario, ni el vestuario, ni la voz son, esta noche, lo que fueron años atrás. Sin embargo, hay cierta benevolencia entre quienes vinieron a verlo, quizás porque lo siguen hace tanto tiempo, o porque es una forma de perdonar la decadencia propia. 
El bar es lindo y chico; él canta muy cerca la gente. Por eso es fácil notar, hacia el final del segundo tema, que abre la boca cada vez menos, estampando las palabras contra el micrófono. Al terminar, durante los aplausos desparejos, se queda de espaldas al público y se lleva las manos hacia la nariz o los labios. No es difícil equivocarse y suponer que está inhalando algo y que fue eso lo que le endureció la boca hace algunos minutos. Arranca el tercer tema con ganas, con más soltura, pero enseguida vuelve a verse incómodo. En una pausa duda un momento y después, cansado de pegarse al micrófono y de minimizar las palabras hasta convertirlas en susurros inmóviles, se resigna a sacarse el inestable diente postizo ante la mirada de todos. Lo guarda en el bolsillo del chupín azul eléctrico y empieza a cantar con su mejor voz. 

2 comentarios:

Sebastián Lidijover dijo...

Me encantó.
Como siempre, tus títulos se leen al principio y se vuelven a leer al final.

Lola dijo...

Muchas gracias, Sebas! Y qué bueno que digas lo del título, porque en este caso en particular esconde al artista ;)