10.12.12

Aguante la ficción

En el balcón de un primer piso, dos hombres instalan un aire acondicionado. El ruido de la calle tapa sus voces. Uno habla concentrado, sin dejar de trabajar con diferentes herramientas. El otro lo mira de reojo y sonríe casi pidiendo permiso, pero al ver que el discurso de su compañero sigue, imperturbable, vuelve a ponerse serio. Cuando los colectivos hacen una pausa llega a escucharse:
“...y Marimar, que es pobre, no sabe que es hija de Gustavo Aldama, un tipo de mucha plata. Se casa con el Sergio, que también tiene plata, y la familia de él la humilla todo el tiempo. Sobre todo Angélica, la madrastra del Sergio. Esa es re maldita, es la que peor me cae. Le hace una cama a Marimar para que termine en la cárcel y le manda a quemar el rancho, con sus abuelos adentro. Sarpada la vieja. Así que cuando la liberan, Marimar se va del pueblo a la ciudad y termina como sirvienta de su propio padre. Pero, ojo, sin saberlo, viste. En las novelas es así...”
Desde la vereda les llega la carcajada burlona de dos chicas que escucharon el relato al pasar. El fanático de Marimar espanta el sonido con la mano, como a una mosca, y mientras ajusta una tuerca dice que a él no le pregunten de fútbol, de política ni del “informativo”, pero que si es sobre novelas, con mucho gusto. El otro asiente, serio y solidario, y siguen trabajando en silencio.

2 comentarios:

Guillermo Altayrac dijo...

Jajaja. Rayás lo inverosímil. Así que lo más probable es que sea absolutamente cierto.

Lola dijo...

Salvo unos detalles de contexto, absolutamente cierto.