20.9.12

Final del día

Desde el asiento de uno de los autos que avanzan como rémoras junto al colectivo es posible examinar las caras de los pasajeros. Si, por ejemplo, se elige al hombre del tercer asiento, hay tiempo para detenerse en su campera inflable algo desinflada, en el pelo ya un poco pegado al cráneo a esta hora de la tarde, en la expresión por fin ausente después de todos los gestos del día.
Cuando el colectivo entra en el viaducto Carranza, el hombre cierra de pronto los ojos con fuerza, justo un segundo antes de que la hilera de focos cegadores le cruce la cara como una ráfaga de flashes fotográficos. Al final del pasaje lo espera otro tramo de focos, pero deja los ojos abiertos tranquilamente. Y su cara se mantiene en la sombra: las luces de ese extremo apuntan a la otra mano del viaducto. Un sutil mecanismo de la rutina que sin embargo, por un momento, lo diferencia del resto.

7 comentarios:

Guillermo Altayrac dijo...

Es muy lindo esto, Lola.
Comenzando por «... los autos que avanzan como rémoras junto al colectivo...»
Pasando por: «... en la expresión por fin ausente después de todos los gestos del día».
Y de ahí hasta el final.
Fue muy lindo leerte.
¡Saludos!

Guillermo Altayrac dijo...

Diablos, no sé si salió mi comentario.
Y no entiendo si soy un robot o no.
Estoy confundido.
¡¿Qué diablos es rlyalis?!

Lola dijo...

Hola, Guillermo! Gracias, qué bueno que te haya gustado. Los robots no suelen confundirse, así que probablemente no seas uno :)

Guillermo Altayrac dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Guillermo Altayrac dijo...

Esa es la ironía: hay que ser un maldito robot para entender qué demonios dicen esas putas letras retorcidas...

Guillermo Altayrac dijo...

¡Bienvenida a Carne con Alambre, Lola! ¡Me alegro de que la hayas pasado bien en mi blog!
Déjate evangelizar y el reino de los cielos será tuio, hermana.
¡Saludos y gracias por pasar!

Lola dijo...

Amén.
Muy recomendable!