24.7.12

Del otro lado de la línea

En la esquina de una parrilla con mesas afuera está parado un hombre de la calle. El humo de su cigarrillo se abre paso entre una barba gris de mucho tiempo.
Suena un celular en una de las mesas y el hombre dice ¿Hola? Como no atienden de inmediato se vuelve a escuchar que llaman. ¿Hola?, repite. La dueña del teléfono empieza a hablar y se genera un diálogo entre ella y el hombre que, sin dejar de mirar la calle ni de fumar, responde como desde el otro lado de la línea. Tiene una voz finita y nostálgica, un tono de lobo feroz imitando a la abuela de Caperucita.
¿Cómo estás?
Bien, bien.
Disculpá que no te llamé pero estaba sin crédito.
Y poné crédito, m’hija.
¿Todo bien, entonces?
Sí, todo fenómeno.
¿A cuánto conseguiste el pasaje, al final?
Eh... ochocientos pesos.
Bueno, bueno... Listo, listo. Nos vemos allá. 
Listo, listo.
Ajám.
Uhm.
Dale, nos vemos, ¡chau!
Listo, listo. Chau, chau.
Es difícil no reírse, pero ayuda la molesta posibilidad de que no sea una burla, de que realmente se crea parte de la conversación.

1 comentario:

Guillermo Altayrac dijo...

Jajaja.
Lo siento, pero veo la escena en mi cabeza y no puedo evitar reírme con los dedos.
Un gusto leerte.
Saludos.