19.1.12

Sal

Son las tres de la tarde y ya pasó cuatro veces por la orilla. Lleva una canasta casi más grande que su cuerpo; tendrá unos nueve años. Esta vuelta mira hacia los costados, asegurándose de que no la estén vigilando, apoya en la arena los buñuelitos caseros que esperan ser vendidos y entra a los saltos al mar frío. Viaja por unos minutos al mundo que inventa bajo las olas.
En seguida sale del agua. Se queda inmóvil, al sol violento, hasta que las gotas de mar helado se secan por completo, para reaparecer en forma de transpiración.
Otra sal para el mismo cuerpo, que se va secando por dentro.

2 comentarios:

Guillermo Altayrac dijo...

Oh, este fue una bofetada.
Me encantó. Debo ser medio masoquista.
Muy buen remate.

Lola dijo...

Somos dos.
Muchas gracias :)