21.11.11

Evolución de las especies

Plaza de Juramento y Vuelta de Obligado. Alrededor de la iglesia redonda, palomas. Muchas. Antes, cuando algún chico se acercaba corriendo a tocarlas lo intuían con el rabillo de esos ojos redondos y muertos y salían volando como si hubiese explotado algo entre ellas. Sólo accedían al primer plano los jubilados, compartiendo un pan ya imposible para su mandíbula.
Ahora, al menos en esta plaza, apenas necesitan hacerse a un lado cuando falta medio metro para que las pisen las personas o los autos. A veces es tarde: sobre la calle hay dos aplastadas. Una ya es un rejunte de plumas secas sobre el asfalto. La otra está repulsivamente completa y húmeda, reciente. Los chicos de la plaza la dan vuelta con una rama y sonríen con nervios y muecas de asco frente al cuerpo que se va escapando de sí mismo. Las palomas que caminan a su alrededor los miran de reojo, picotean la tierra sin ganas, como meditando si no era mejor cuando lo divertido era perseguirlas.

9.11.11

Movimiento

Aparece por la esquina de Echeverría y Conesa una chica alta, de pelo muy corto, vestido violeta suelto con pantalones anchos debajo. Camina atenta a los auriculares gigantes que lleva puestos. De esos que aíslan del ruido y sobre todo del mundo exterior.
De repente frena para probar unos pasos de zapateo americano. Pero no es sólo un ensayo. Hay una alegría en el movimiento y en su cara que tiene más de expresión de felicidad que de baile. El encargado de un edificio y una mujer con bolsas de supermercado la miran bailar y después intercambian sonrisas. Parece que está contenta, dice él. ¡Que pase la receta!, responde la mujer y apura el paso decidiendo que esta noche se pone algo especial aunque cene en su casa. Y el encargado se promete que mañana mismo saca un pasaje para hacer una escapada en su próximo franco.
Y los dos saben que no van a hacerlo.