21.11.11

Evolución de las especies

Plaza de Juramento y Vuelta de Obligado. Alrededor de la iglesia redonda, palomas. Muchas. Antes, cuando algún chico se acercaba corriendo a tocarlas lo intuían con el rabillo de esos ojos redondos y muertos y salían volando como si hubiese explotado algo entre ellas. Sólo accedían al primer plano los jubilados, compartiendo un pan ya imposible para su mandíbula.
Ahora, al menos en esta plaza, apenas necesitan hacerse a un lado cuando falta medio metro para que las pisen las personas o los autos. A veces es tarde: sobre la calle hay dos aplastadas. Una ya es un rejunte de plumas secas sobre el asfalto. La otra está repulsivamente completa y húmeda, reciente. Los chicos de la plaza la dan vuelta con una rama y sonríen con nervios y muecas de asco frente al cuerpo que se va escapando de sí mismo. Las palomas que caminan a su alrededor los miran de reojo, picotean la tierra sin ganas, como meditando si no era mejor cuando lo divertido era perseguirlas.

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