3.10.11

El hombre mediocre

Un hombre que bien podría ser el viejo portero de un colegio se planta en medio del vagón. Carga un bolso inmensamente pesado. Antes de abrirlo da un breve discurso sobre la importancia de leer, de regalar libros, de contar cuentos a los niños, etcétera. Luego empieza a enumerar títulos, libros en mano, sumando su definición personal de cada uno. Martín Fierro: la historia del gaucho argentino que todos debemos conocer. Cuentos de amor de locura y de muerte: los inquietantes relatos del uruguayo Horacio Quiroga. El Aleph, una de las obras más reconocidas de Borges, en la que descubre universos de forma magistral. Y así con unos diez títulos más. Deja para lo último El hombre mediocre. Escrito en 1913 por José Ingenieros, aclara, trata de la corrupción humana, la soberbia, la envidia, la pérdida de ideales. Cualquier parecido que usté encuentre con la realidad actual, es pura ca-sua-li-dad.
Recorre el vagón una vez más, blandiendo el último libro presentado. El hombre... mediocre, el hom-bre me-dio-cre, insiste, más bajo. Ante la rotunda indiferencia de los pasajeros, arrastra su bolso hacia el vagón siguiente. Y mientras avanza gruñe: mediocre, mediocre, mediocre.

3 comentarios:

Guillermo Altayrac dijo...

Jajaja. Genial.
Y me hace recordar a un vendedor de estampitas que me crucé una vez en un colectivo.
Pero era definitivamente más agresivo que este.
«Yo no vengo a pedir sin dar nada a cambio», decía. «Al que diga que yo vengo a eso, le voy a tirar un billete de dos pesos en el piso. Y unos cuantos se van a agachar a agarrarlo».
Y cosas así.
Tengo la costumbre de mirar a los ojos. En cuanto establecimos contacto visual, no me quitó la vista de encima. El esfuerzo que tuve que hacer para no reírme. Tenía que fingir rascarme la nariz para esconder las sonrisas.

Lola dijo...

Vi uno parecido. Pedía 35 centavos, que era lo que en ese momento salía un chicle. Ese era su argumento. Antes de bajar con las manos vacías nos reputeó a todos por considerar que su vida valía menos que un chicle.

Guillermo Altayrac dijo...

Jajaja. ¡Mortal!
La secuencia es terrible, pero parece algo de Beckett.