1.9.11

Silencio

Es una sala de teatro chica, para unas cien personas. Rebalsa de gente que habla, acomoda abrigos, desenvuelve caramelos, se concentra en teléfonos celulares. Cuando las luces se apagan el silencio va subiendo por las gradas que sirven de asiento, hasta cubrirlo todo. Retumban los pasos de alguien que se ubica en el centro de la escenografía magra, invisible ahora.
Silencio de nuevo.
Pasan los segundos a oscuras y la tensión se hace densa.
Por fin una bombita dibuja, lentamente, el halo de luz anaranjada y difusa que enmarcará el unipersonal de una mujer sola desde siempre, para siempre. Un relato monocorde, puritano, por el que se filtran un deseo y una tristeza exasperantes.
Durante toda la obra, risas injustificadas de buena parte del público se empeñan en descomprimir esa intimidad extrema, que tal vez inquieta demasiado la propia.

2 comentarios:

Guillermo Altayrac dijo...

Qué lindo que escribís, piba.
¿Qué obra era?

Lola dijo...

Qué lindo tener un mecenas de comentarios y de ganas de escribir.

Era “Nada del Amor me produce envidia”, en La carpintería.