23.9.11

Haya paz. Y tofu.

Las campañas chinas sonorizan la entrada pretenciosamente lenta de la mujer. Una especie de Morticia que flota entre su ropa india de colores brillantes.
Agarra una de las bandejas de la casa de comida naturista y equilibra sus porciones con un espíritu más artístico que nutritivo. Mientras se sirve porotos aduki, una anciana que debe haber sido profesora de yoga, blanca desde la ropa hasta el pelo y la piel, se le cruza para atrapar la última croqueta de mijo.
Si me pedías permiso pasabas igual. ¿Perdón? Que no hace falta empujar como una desesperada. Pero mirá vos que histérica; histérica total: loca. Sí, claro, por supuesto. Loca. Histérica. Total. Pero por favor.
Morticia se aleja hacia la caja y minutos después sale, irradiando calma y colores. La anciana se esconde de la encargada del local para meter un dedo en la salsa de soja y jengibre. La prueba con los ojos cerrados, y sonríe.

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