24.8.11

Vecinos

Es el día del amigo. Hay dos o tres personas esperando para comprar algo en el kiosco. Pero el chico de pelo lacio y brillante se toma su tiempo para elegir lo que va a llevar. Mira de reojo a los de atrás, girando a medias la cabeza, y se limpia el borde húmedo de la boca con la palma de la mano. Podría tener diez años, o tal vez quince.
Finalmente elige un chocolate con almendras. Paga, recibe el vuelto y lo guarda con cuidado en una bolsita de tela que le cuelga desde el cuello. Vuelve a darle el chocolate al kiosquero, que lo mira confundido, paciente.
-Feliz día, amigo. Vos sos mi amigo. Feliz día.
Y sin esperar la respuesta entra rápido al edificio de al lado.

3 comentarios:

Guillermo Altayrac dijo...

Dios, ¡qué conserves por siempre la cámara!

Lola dijo...

Después de las órdenes y reglas de Dios que tu blog expone, casi que me da miedo que le pidas algo :)

Guillermo Altayrac dijo...

Hacés bien: no pierdas la cámara o morirás incinerada.