6.8.11

Felicidad al paso

Se baja del auto con dificultad. Mientras lo rodea, tantea su pelo blanco y lo acomoda aplastándolo con golpes suaves. Ya en la vereda le abre la puerta a su mujer y se agacha para ayudarla a emerger del asiento blando en el que ella apenas se distingue.
Un chico que pasa los ve forcejear y se acerca para tocarle la espalda al hombre y ofrecer ayuda. Él lo mira con un principio de indignación, pero antes de que pueda reaccionar la mujer acepta y se desprende de su marido para estirar los brazos hacia el chico. Se abrazan despacio, él la levanta y con felicidad la mujer pisa la vereda y dice que por fin un día no se moja los zapatos con el agua que corre junto al cordón. El chico se aleja con un saludo al aire. El hombre cierra la puerta del auto, toma del brazo a su mujer y empieza a caminar serio, como si no le viera a ella la sonrisa.

3 comentarios:

Guillermo Altayrac dijo...

¡Ah! ¡Qué la próxima te lleve el chico ese en bicicleta, vieja ingrata!

Lola dijo...

Jajaja! No te pongas así, viejo. El joven sólo me estaba dando una mano a mí, y sobre todo a vos.

Guillermo Altayrac dijo...

¡Yo puedo!