15.8.11

El paisaje, ventanas adentro

Este vagón parece una tanda de comerciales, dice el vendedor de Guía T cuando toma la posta después del que vende linternas. A él le siguen cuatro músicos. Durante dos temas, con quenas, bombo, guitarra y sobre todo con sus voces, convierten a ese tren en el de las nubes. Un ciego espera que terminen de tocar para pedir monedas por los asientos, sin más producto ni talento que sus ojos de nácar y el bastón blanco, con el que hurga el pasillo como si fuera su perro lazarillo. Mientras escucha, se pone a seguir el ritmo de la música con su lata, despacio primero y después con más fuerza, hasta casi ser parte de la banda. Los pasajeros y los músicos le sonríen aunque él no pueda verlos.
Cuando llega por su fin su turno, la inesperada cantidad de monedas que recibe lo hace sonreír a él, mientras empieza a llegar la misma canción, amortiguada, desde el vagón siguiente.

4 comentarios:

Paula dijo...

Me encantó!

Lola dijo...

gracias, Pau!

Guillermo Altayrac dijo...

¡Marketing!

Lola dijo...

Y yo que pensé que lo hacía sin darse cuenta, che.