25.6.11

Frente al Obelisco

Acomoda el pelo bordó sobre su cara pálida. Por el maquillaje, los ojos y la boca parecen moretones hundidos, de un pastoso negro violáceo. En todas las redondeces de su cuerpo hay ese resto de aspecto infantil, mezclado con una promesa de mujer maciza.La correa del cuello anticipa lo que viene debajo: remera negra con mangas de red, mini negra, medias negras por encima de las rodillas. Como un puente para evitar que se corte la oscuridad, un portaligas negro atraviesa los muslos que hacen pensar en carne de pollo cruda. De fondo, el Obelisco y una orquesta sinfónica. Ella escucha el concierto con los ojos cerrados, y se mueve de un pie a otro siguiendo cada pieza. Su novio, remera de Sepultura y pantalón de cuero, tiene media cabeza menos de altura y la mitad de espalda. Debe ser la persona más parecida a un fósforo quemado. Lucha por sostener a su princesa oscura, tratando de que no se note mucho que la acompaña en el movimiento, sobre todo cuando llega el Danubio Azul.

2 comentarios:

Guillermo Altayrac dijo...

Jajajaja.
«Un portaligas negro atraviesa los muslos que hacen pensar en carne de pollo cruda.»
«Debe ser la persona más parecida a un fósforo quemado.»
Vaya que eres corrosiva, Lola.
Me gustó.

Lola dijo...

Vaya que las cosas lo son y lo contagian, Guillermo! Igual, sí, un poco es mi culpa.