18.6.11

Cabildo y Juramento

Un grupo de gente está apilada bajo el techo de un kiosco que ocupa la esquina entera. Esperan a que se calme la tormenta que explotó de pronto. Están todos de cara a la calle, menos una chica gorda, más bien obesa, de unos 15 años. Es la única que gira y se queda de frente a los chocolates, los alfajores, los bombones, los caramelos. Los mira con fiereza. Hasta que los ojos fijos se le empiezan a llenar de lágrimas y se pone a llorar con los brazos y los hombros inertes, sin sacar la vista de las golosinas. Por el ruido de la lluvia nadie se da cuenta, salvo el kiosquero que, después de dudar un rato, se pone a ver caer la lluvia.

2 comentarios:

Guillermo Altayrac dijo...

Diablos...
Nadie se da cuenta, salvo el kiosquero y la chica de la cámara.

Lola dijo...

;) Así es.